viernes, 4 de mayo de 2018

Se Apaga



Estoy abrumada por lo que estoy sintiendo. 

Siento que no es como antes. Siento que me estoy esforzando por algo que no sé si merece la pena. Siento que estamos yendo a peor. 

Me siento presionada. Presionada a tener sexo porque si no lo tenemos significa que no te amo. Presionada a callarme mis opiniones por temor a que me hagas sentir mal. 

No necesito tener a alguien a mi lado con el que fingir que estoy cómoda cuando no lo estoy. No necesito luchar por alguien cuando veo que ese alguien no lucha por mí. 

Me dices que no soy cariñosa y me propongo ser más cariñosa. Me dices que no tenemos sexo y te busco para hacerlo, pero sin ganas. Me dices que no me calle, pero cuando hablo parece que mi criterio es inferior al tuyo. 

Estoy cansada de ceder en las discusiones, para que luego encima llores y me digas que soy buena, haciéndote la víctima. No. No eres víctima, así que no necesitas mi consuelo. 

Llora por lo que quieras llorar, menos para salirte con la tuya. No soporto cuando me haces ver que soy tonta, porque aunque yo me lo repita una y otra vez, tú no tienes derecho a hacerme sentir así.

Aún sigue mereciendo la pena. Puede que mañana se apague la última llama.

viernes, 9 de enero de 2015

Ana y Mía

Ana y Mía eran mejores amigas. Hermosas jóvenes adolescentes dispuestas a comerse el mundo. Buenas notas, amables con compañeros y profesores. Amadas hijas y hermanas. Un gran porvenir, ejemplos a seguir. Casi tenían la vida perfecta.

Pero un día todo cambió. Se creyeron el cuento de que la apariencia es lo más importante, que la delgadez enamora y que el éxito depende de la talla. El espejo ya no les devolvía la misma imagen. Esa imagen ahora estaba llena de complejos que solo ellas veían. Ya no importaban las opiniones de los demás. Empezaron a mentir. Mentían para que no les hicieran parar. “El resto no lo entiende” se decían.

Ninguna reconocía la realidad que las consumía. Se empeñaban en no quererse a ellas mismas. Todo eran ataques a su cuerpo. Cargaban incluso con culpa. Eran víctimas de su propia autoestima.

Ana padecía un rechazo a mantener un peso corporal por encima del mínimo para su edad y talla, por lo que restringía la ingesta de alimentos peligrosamente. Y Mía sufría episodios de atracones compulsivos, provocándose el vómito y ayunando después, hasta que volvía a sufrir otro episodio de ingesta compulsiva.


Estaban presas de unos cánones de belleza irreales. Y por seguirlos, perdían su vida. Cuando el resto se dio cuenta, ya nada podía salvarlas. Nuestra sucia sociedad cavó su tumba…


                        

jueves, 8 de enero de 2015

En busca del horizonte









Si no avanzas como desearías, cambia el rumbo.
Muévete. 
No ocurre una desgracia si te estancas, siempre que reacciones ante ese parón. 
Asume las zancadillas como pruebas de supervivencia. 
Aprende de ello. 
Puede ser que necesites ayuda para dar el primer paso en tu camino distinto. Tan solo anímate.
Dudarás si has elegido el camino correcto. Vuelve a cambiarlo si así lo crees.
Arrepiéntete de lo que has hecho. Es mejor que pensar qué pudo haber sido de ese camino que no tomaste. 
Intenta, fracasa, levántate, cae, y persigue el éxito hasta lograrlo.




miércoles, 7 de enero de 2015

Pecado


Y allí estábamos las dos. Yo no iba a aceptar que había sido mi primer beso y ella no me diría si era la primera en probar sus labios. Ninguna quería empezar a hablar después de lo sucedido. Ni siquiera supe cómo pasó, tan solo recuerdo que todo mi mundo se esfumó segundos antes de ese roce, y que mientras tenía lugar, no me importaba nada más que ella y sentir la intensidad de nuestro beso. Daba igual la gente y sus miradas, lo que podían pensar, si bien o mal, nuestro pasado o el mañana. Solo estábamos nosotras y el resto no importaba, no existía.

No me arrepiento, volvería a cometer la dulce locura de lanzarme otra vez a su boca aun sabiendo que es una historia mal vista por muchos, porque gracias a aquel beso prohibido viví el momento más especial y perfecto de mi vida.


Son Sueños

El otro día soñé que conducía sola por alguna ruta interior de Argentina. Llegué a una zona desértica y vi a dos niños varones jugando en una llanura de tierra seca a las afueras de un pueblo. Mi viaje era para conocer el país, así que paré y me acerqué para conocerles. Quería saber dónde estaba, cómo era este lugar, si tenían necesidades en las que yo pudiera ayudar...

Hacía calor, y ellos estaban con camiseta, pantalón corto y sin calzado, pero no creí que vistieran así por las altas temperaturas. Me hallaba en un pueblo pobre, perdido entre la nada, olvidado. Me agaché junto a ellos y vi que jugaban sin juguetes. Entonces, me observaron detenidamente en silencio.

Volví al coche en el que casualmente (es un sueño, puede pasar lo que tú quieras que pase) saqué dos coches de juguete y una muñeca de trapo. Le ofrecí a cada niño que eligiera uno, y aunque no me creían capaz de regalarles algo porque sí, no tardaron aceptar los coches con una sonrisa.

¿Creéis que hay alguna nena por aquí que me acepte esta muñeca? - dije yo.

 Y acto seguido me agarró cada uno de una mano y nos adentramos entre las calles de aquel insólito lugar.