Y allí estábamos las dos. Yo no iba a aceptar
que había sido mi primer beso y ella no me diría si era la primera en probar
sus labios. Ninguna quería empezar a hablar después de lo sucedido. Ni siquiera
supe cómo pasó, tan solo recuerdo que todo mi mundo se esfumó segundos antes de
ese roce, y que mientras tenía lugar, no me importaba nada más que ella y
sentir la intensidad de nuestro beso. Daba igual la gente y sus miradas, lo que
podían pensar, si bien o mal, nuestro pasado o el mañana. Solo estábamos
nosotras y el resto no importaba, no existía.
No me arrepiento, volvería a cometer la dulce
locura de lanzarme otra vez a su boca aun sabiendo que es una historia mal
vista por muchos, porque gracias a aquel beso prohibido viví el momento más
especial y perfecto de mi vida.

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